Ahora que se han puesto muy de moda las órdenes militares, con la publicación de libros como “El Código Da Vinci” de Dan Brown o “La Hermandad de la Sábana Santa” de Matilde Asensi, esto puede llevarnos a reflexionar sobre la existencia de las mismas en Valdeorras y la función que desempeñaban en nuestra comarca, si bien los datos y documentos que existen son muy escasos.
Las órdenes militares nacieron durante la Alta Edad Media con la misión específica de defensa del Santo Sepulcro y de los peregrinos que iban a Jerusalén y los santos lugares, extendiendo luego su radio de acción con motivo de las peregrinaciones jacobeas y de la lucha contra los musulmanes. En Valdeorras, apenas hay constancia de la presencia de los Templarios cuyas posibles posesiones en la zona pasarían en el 1312, al ser abolida la orden, a los caballeros de San Juan de Jerusalén.
Por el contrario, si tenemos referencias documentales del año 1179 de la presencia de la Orden de Santiago en Arcos y Vilanova; Orden que fue fundada en 1170 en Cáceres por Fernando II de León, existiendo también un antiguo priorato de la misma en Arnado, donde está situado el actual pazo.
Pero, de todas ellas la que tendrá una mayor presencia en nuestra comarca durante la época medieval será la Orden de San Juan de Jerusalén, también conocida como los Hospitalarios o Orden de Malta. Ésta ha tenido gran importancia y poder como Orden religiosa y militar, siendo fundada en el siglo XI, posiblemente hacia el año 1084, cuando establecen en Jerusalén un monasterio benedictino con un hospital dedicado a San Juan Bautista, destinado a recoger a los peregrinos.
Los miembros de la Orden, además de los tres votos monásticos, profesaban el de recibir y defender a los peregrinos y dentro de la comunidad se dividían en tres clases: los nobles o caballeros, a los que correspondía llevar las armas; los capellanes, que eran los que administraban los servicios religiosos, y los hermanos sirvientes. Su hábito era negro con manto, y en tiempo de guerra llevaban una cota de armas roja y a la izquierda del pecho la cruz de tela blanca de ocho puntas. La Orden en cada país era prácticamente independiente de las otras, teniendo su propio Gobernador, llamado pilar, y se subdividía en un cierto número de encomiendas, prioratos y bailías.
Su presencia en Valdeorras está estrechamente relacionada con el tránsito del Camino de Santiago por estas tierras, ya que el peregrino, una vez llegado al Bierzo, podía optar por el camino más escabroso (pasando por el Cebreiro) o el más cómodo según su interés o ideal espiritual.
La Orden de los Hospitalarios ha tenido numerosas posesiones desde muy antiguo en la Península Ibérica, en la que tenían dos divisiones administrativas: la de Aragón y la de Castilla. A ésta última pertenecían las encomiendas de Portomarín y Quiroga. Las posesiones de los Hospitalarios e Valdeorras dependían directamente de la encomienda de Quiroga, la cual tenía las siguientes partidas: Valdeorras, O Bolo, Celavente, Alberguería y Larouco. Dentro de la partida de Valdeorras destacaban las feligresías de San Juan de Arnado y San Lorenzo de Arcos (que habían pertenecido anteriormente a la Orden de Santiago), Santa María de Robledo de A Lastra, San Juan de Éntoma y San Miguel de Xagoaza.
En las iglesias de los pueblos de Éntoma, Xagoaza y la Alberguería (conservada en el pueblo de Veiga de Cascallá); todavía se puede observar en sus fachadas la presencia de la cruz insignia de la Orden con cuatro brazos de igual longitud, ensanchándose desde el centro a los extremos, formando ocho puntas.
Con el paso de la época medieval, las órdenes militares van a ir perdiendo su importancia y posesiones; sobre todo a partir de julio de 1837 con la Desamortización de Mendizábal, que lleva a la expropiación de prácticamente casi todos los bienes de las distintas órdenes religiosas y militares, entre las que se encontraban las posesiones de la Encomienda de Quiroga.
Actualmente, todavía no se ha estudiado en debidas condiciones la presencia de las órdenes militares en la tierras de Valdeorras y la importancia que en su día tuvieron dichos “freires” en esta comarca; además de la protección que debieron de dar a la vía que partía de tierras bercianas: ya fuese un importante camino de paso de peregrinos así como una vía de paso de mercancías entre la meseta castellana y tierras gallegas.