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Artigo escrito por Lucas Guitián Sarria, natural de Rubiá e profesor de español no Instituto Albert Camus de Bois-Colombes en Francia

Penedos de Oulego (Rubiá). Da localidade de Oulego é orixinaria a familia de Lucas Guitián.

 

Tarareo la canción Tierra de Xoel López y sé que este verano yo también soñaré con poder alcanzar la playa. Y eso que nunca me gustó. Pero dada la situación, sé que añoraré, por primera vez, ese olor a arena mojada.

Ya antes de la pandemia, llevaba un tiempo abriendo y buscando una luz en el baúl de los recuerdos. No es ningún secreto decir que desearía volver a ser un niño. Escapar de un presente en nada negativo, pero sí incierto y ciertamente preocupante. Serán cosas de la edad.
El caso es que me aferro cada vez más a los miles de recuerdos atrapados en la infancia. Visualizo aquellos tiempos felices junto a mi familia, en una tierra en la que nací, pero no viví.

Recuerdos de veranos con abuelos extraordinarios, campo, calor, risas, peleas, silencios, partidos cotidianos con camisetas hechas con bolsas de plástico en las que añadíamos un dorsal con cinta aislante negra hurtada en el taller de un padre que, entre fuga y fuga, estaba siempre afanado en ayudar a los demás. Juegos en la calle hasta la hora de cenar. Y tras la mejor tortilla del mundo, vuelta a la calle.

Eran momentos donde todos compartíamos, en bancos de fortuna, cuentos con los más viejos del lugar. No existía fractura generacional, al contrario, apetecía descubrir tanta sabiduría popular. Relamerse con historias locales, tradicionales y ancestrales.

Poco a poco, aquello se perdió. El pueblo, como tantas zonas rurales del país, se vació. Adiós para siempre adiós.

 

Lucas Guitián Sarria.

 

Atrapar aquellos recuerdos siempre ayudaba a resistir a la tempestad del invierno. De ahí viene, sin duda, mi inquietud en cuanto a lo que va a acontecer este verano. No habrá caminitos junto al río ni piedras recogidas en el lugar más bonito del mundo para mí. Sé que cuando suene una muñeira, me invadirá la morriña, el llanto empezará a brotar porque siempre fue duro estar lejos, y este año más al ser imposible acercarse a ti. Por eso, estoy seguro que este verano 2020 va a ser muy especial.

Ahora bien, cuando suenen algunas canciones me acercaré. Cuando suspire una gaita caminaré, correré, viajaré. Será con los ojos cerrados para poder perpetuar la cosecha anual de recuerdos felices. Será guiado por la luz de ese faro milenario que Hércules o Breogán erigieron. Pero este verano también estaré donde se acaba el mar. Será un viaje interior, un sentimiento. Pero no fallaré. Un año más, iré.

Texto e fotos: Lucas Guitián Sarria

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